A veces, cuando nos embarcamos en una aventura empresarial, nuestras ganas y ánimos exacerbados pueden jugarnos una mala pasada. Es más que probable que no seamos conscientes de que dentro de nosotros hay emociones que quizás no sean buenas consejeras. Por ello podemos dejarnos llevar por los siguientes pensamientos negativos:

1.”NO NECESITO A NADIE.”

Error. Por mucho que sepamos hacer de todo, eso no nos convierte en totalmente auto-suficientes. Recuerda las veces que necesitas a los demás al cabo del día. La ropa que vistes, la comida que comes, el vehículo que conduces… todo eso viene de alguien. Por suerte o por desgracia, dependes de otras personas.

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Ahora que has tenido una idea de negocio vas a necesitar rodearte de gente que crea en ti y te apoye. Aunque seas el mejor en lo tuyo, hay muchas cosas que se te escapan de las manos, ya sea por desconocimiento, falta de tiempo o de recursos, stress, bloqueo mental, o desorganización. Ten en cuenta que la humildad es el mayor atractivo de un líder. Déjate ayudar.

2.”DEBO CONTRATAR A LOS MÁS BARATOS.”

Error. Por lo general, se piensa que contratar a los más baratos es una forma de reducir costes. Rara vez se reserva una partida económica para Marketing adecuada a nuestros objetivos. Por ejemplo, si hacemos una gran inversión en maquinaria o en unas nuevas instalaciones, tenemos que hacer que la gente se entere. Si escatimamos en gastos en materia de comunicación, no obtendremos los resultados esperados y nuestra inversión se habrá convertido en un gasto.

En consecuencia, si quieres que tu negocio florezca, debes rodearte de gente que sea mucho mejor que tú. Una capacidad de los líderes es detectar el talento en los demás y reclutarlo, hacerlos partícipes del proyecto. Tú tienes una visión y necesitas a los mejores para que el mundo la conozca y la comparta. Contrata al mejor en lo suyo porque el talento viene con él. No olvides que, casi siempre, lo barato sale caro. No te la juegues con tu negocio y apuesta por los buenos profesionales.

3.”LO SÉ TODO”.

Error. Parece que has alcanzado la cima y todo te va bien. Eso te hace relajarte en tu posición y no estar alerta, lo que te lleva a perder el impulso necesario para mantener vivo tu negocio. Por ello, tus reacciones ya no son proactivas (no te adelantas a los cambios), sino reactivas (vas poniendo parches sobre la marcha). Ni que decir tiene que esto es el principio del fin.

Un verdadero emprendedor SIEMPRE está aprendiendo. Aprende de sus errores y los convierte en lecciones. No se lamenta por equivocarse sino que asume las responsabilidades. Admitir que no se sabe todo empodera a quien quiere progresar en su proyecto empresarial.

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4.”LOS JEFES ESTAMOS PARA MANDAR”.

Error. En primer lugar, un auténtico jefe tiene que dar ejemplo. Debe ser un modelo a seguir. Está el primero en el puesto de trabajo. Demuestra cómo hacer las cosas y nunca exige. No da órdenes, sino sugerencias y consejos. Puesto que sus primeros clientes son sus empleados, NUNCA debe humillarlos. Más bien debe motivarlos y darles la formación necesaria para que se sientan realizados en su puesto de trabajo y puedan dar lo mejor de sí mismos.

Tiranizar a tus empleados sólo conseguirá que éstos no se sientan parte del negocio. Por consiguiente, tratarán mal a los clientes para hacerte daño, utilizarán los recursos de la empresa para sus propios fines, ralentizarán la realización de sus labores y hablarán mal de tí (que eres la imagen de tu empresa) a todo el mundo. Ten en cuenta que un trabajador feliz genera clientes felices y los fideliza. De modo que preocúpate por tener contentos a tus empleados.

5.”MI SISTEMA ES EL ÚNICO QUE FUNCIONA”.

Error derivado del punto 3. Mientras que la humilMarketing-Cádiz-Donworridad te hace aprender, la soberbia te pone una venda en los ojos. No ves la realidad de tu negocio ni su entorno. Que te haya funcionado a ti no significa que tenga que funcionarle a los demás. Además, puede que funcione durante un tiempo, pero el entorno está en constante cambio y debes estar al día para no quedarte atrás. Cambian las tendencias, ideologías, surgen nuevas necesidades y, con ello, nuevos productos y servicios. Como se suele decir, has de tener siempre en mente la máxima de renovarse o morir.

Tu negocio está funcionando, sí. Pero puede ser porque tuviste suerte, llegaste en el momento adecuado, diste en la tecla o, simplemente, te tocó la lotería. De modo que debes ser cauto, curioso, aprender de los grandes. Por otro lado, el orgullo y la soberbia pueden llevarte a imponer a los demás tu criterio (que puede estar obsoleto o ser erróneo).  Por ello, debes estar siempre abierto a nuevas ideas, valorar los argumentos de otros y, en caso de detectar que los tuyos son erróneos, debes estar dispuesto a cambiar para crecer.

Resumiendo: Mírate en el espejo de la sinceridad y analiza cómo estás llevando tu negocio. Si te estás dejando arrastrar por alguno de estos pensamientos, aún estás a tiempo de cambiar de rumbo y mejorar. Tu negocio te lo agradecerá.

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